Los Obama
fueron la familia presidencial cuarenta y cuatro, y la décimo primera que había
vivido en la Casa Blanca por ocho años, o sea dos mandatos completos, y lo más
destacado -tal como lo dice Michelle Obama- fueron y serían siempre, la primera
familia presidencial negra.
Y con esta
certeza y conciencia de su condición racial, y las no visibles limitaciones que
esto supone en sus comportamientos, discurre la historia de Michelle, una mujer
brillante, inteligente y muy enfocada en todo lo que hace. Desde la primera página describe de manera
llana el discurrir de sus días de infancia en una barriada de Chicago, de su
humilde vivienda en el segundo piso de una tía profesora de piano, de la
ocupación de su padre como empleado público en una instalación del acueducto
local. De su abuelo, que disfrutaba del
jazz, y la dejaba tocar sus discos… detalles que nos llevan a los Robinson, una
familia trabajadora, que apreciaba la música, los deportes, que eran miembros
activos de su iglesia.
Asimismo,
cuenta Michelle detalles de su esposo, Barack, como siempre lo llama, de sus
sueños, de su capacidad de aislarse de todas las críticas, de no perder su
entusiasmo y seguir adelante en su proyecto de gobierno. De su rol, sin “términos
de referencias”, de primera dama por ocho años. De su afán de proteger a sus
hijas y lograr que ellas tuvieran una vida “normal” viviendo en la Casa Blanca.
Para mí, ha
sido una lectura interesante. He
conocido a una mujer decidida, de nuestra época, que ha enfrentado
discriminación por ser mujer, por ser negra, pero no se ha dejado manipular por
el machismo ni el racismo. Que ha sabido seguir su estilo, ajustándolo si lo
consideraba necesario, vistiendo a veces ropas de marcas populares, o de
diseñadores, usando vestidos sin mangas o zapatos planos, y sobreponiéndose de
todos los titulares y arremetidas que esto suponía en los medios.
Casi al final
de su historia se refiere a los comentarios de Donald Trump sobre el origen de
Obama y dice “la gente empeñada en definirnos como “otros” llevaba años
haciéndolo. Nosotros procurábamos elevarnos sobre sus mentiras y distorsiones,
y confiábamos en que la manera en que Barack y yo vivíamos nuestras vidas
mostraría a todos de verdad sobre quiénes éramos”. Varias veces enfatiza en su afán de hacer
“caso omiso del odio y no pensar demasiado en los riesgos”. (pág. 461)
Una historia
que vale la pena leer. “Todo forma parte de un proceso, de una serie de pasos a
lo largo de un camino. Forjar tu
historia requiere paciencia y rigor a partes iguales. Significa no renunciar a la idea de que hay
que seguir creciendo como persona” (pág. 515). “Ser dueños de nuestro relato personal y
único, expresarnos con nuestra auténtica voz.
Y hay algo que nos confiere dignidad, estar dispuestos a conocer y
escuchar a los demás. Para mí, así es
como forjamos nuestra historia”, termina la narración. (pág.548)
Da gusto leer tus comentarios. Siempre atinados e ilustradores.
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