No niego
que fui sorprendida al leer en las portadas de dos diarios locales la pregunta ¿Cuándo
fue tu primera vez?, pues enseguida pensé en la primera relación sexual, ya
que esta pregunta abre cientos de planteamientos en el ámbito de la educación
sexual. Nada que ver, es el lema (¿?) de la campaña denominada Inquebrantables,
presentada recientemente por varias instituciones gubernamentales y privadas.
La
provocación ya estaba en pie. ¡Entre a
su dominio en Internet tratando de buscar información más allá del decálogo
publicado en los diarios, y oh! sorpresa está dirigida a “jóvenes”, pero la
mayoría de quienes hablan en los videos son adultos. Ahí mismo se percibe una desviación. Su
público objetivo parecería que ni siquiera está definido ni es parte de la
propuesta.
Expertos
consideran que la tendencia adulto-céntrica de muchas campañas, en las que se persiste
en decidir sobre los jóvenes, sin oírlos, ni darles participación, logran un
bajo impacto en los cambios de conductas o acciones de empoderamiento que
tratan de fomentar. Ignoro si los
creativos de la campaña consideraron los modelos de participación de jóvenes
propuestos por Jans y De Backer, así como los
niveles de participación definidos por Hart.[i]
Los autores Jans y De
Backer proponen un modelo triangular, partiendo de que los jóvenes se
involucran con la sociedad cuando se les presentan tres dimensiones
específicas; algo para desafiar, a partir de lo cual sientan que tienen
capacidad de hacer una diferencia y finalmente espacio para conectarse con
otros para abordar el problema de manera efectiva.
Volviendo a
esa pregunta de la primera vez y luego de revisar los videos, y a contrapelo de
los mandamientos publicados, podría decirse que esta campaña más que todo está enfocada
al consumo de drogas, ya que esa es “la primera vez” a la que se refieren
protagonistas de los videos, cuando se les pregunta. Nada que ver con resiliencia ni autoestima.
Clotilde Parra, en su
artículo en Diario Libre del 19 de junio 2026, comenta sobre aspectos muy importantes.
Pero veamos las estadísticas citadas por ella sobre la situación de los
jóvenes, datos que callan cualquier intento de una mirada igualitaria. “Porque en este país de «inquebrantables», el
20 % de los adolescentes y jóvenes de entre 15 y 24 años no estudia ni trabaja.
El 38.5 % vive bajo la línea de pobreza monetaria y
el 23 % en pobreza multidimensional. El 62.1 % carece de acceso estable a
internet en su hogar, lo que limita su inserción educativa y laboral, y el 49.8
% solo puede acceder a precarios servicios básicos esenciales, como agua,
electricidad y saneamiento.”[ii]
Toda campaña
es mejorable, por lo menos eso nos dicen en aulas y talleres de producción,
pero Inquebrantables podría más bien ser rehecha y comenzar por rebajar
su grandilocuencia, y sus narradores bajar justamente al barrio y medir fuerzas
con esa realidad que poco ayudará a que “ninguna circunstancia tiene más poder
que la decisión de levantarse”.
En nuestro
país existen experiencias de años recientes y en los últimos tiempos se pueden
ver en redes sociales, en las que se verifica la capacidad de los jóvenes de
comprometerse, de asumir liderazgo y movilizar a sus iguales. Es tiempo de darle protagonismo a esa
juventud que está en los liceos, en las universidades y en los barrios, para
que asuman un rol.